Ellas y el devenir del yo contemporaneo

Ascendí a la Alhambra días atrás en compañía de mi buen amigo Cremonte y pude disfrutar durante un buen rato de sus reflexiones, tan irreverentes y fuera del tiempo que vivimos como certeras e incluso hirientes para los que queremos seguir adaptados a la sociedad que nos ha tocado en suerte.
Él disfruta de una situación de privilegio: vive de una pensión vitalicia que le consiguieron unos amigos cuando trabajó de celador y tuvo el accidente que le dejó la cojera que hoy le adorna con bastón y esos andares renqueantes y lentos. De la indemnización que recibió tuvo suficiente para comprarse la cueva, que es todo un lujo, con jacuzzi para cuando hay fiesta con las extranjeras.
En esta ocasión le dio por hablarme de las mujeres de hoy en día, a las que mira con distancia, como si no fueran con él. Porque él, en su Sacromonte adorado, las ve pasar de turistas, mirando con asombro el pintoresco paisanaje de su barrio. Y él las espera allí sentado, en la puerta de su cueva, viendo pasar la tarde y la luz por sobre su Alhambra entrañable. “Es que están en el devenir del yo, y eso las tiene locas”. ¿El devenir del yo? ¿Qué era eso? le contesté. Y su explicación, conforme ascendíamos, jadeante yo, ligero él a pesar del habanos que se fumaba, me dejó bien claras las cosas.
“Las mujeres de hoy creen que han avanzado hacia algún sitio con eso de poder trabajar y salir de las cocinas en las que estuvieron presas sus madres. Pero muchas ya se han empezado a dar cuenta de que más que salir de una cárcel tan sólo han cambiado de celda. Porque ahora se sienten encerradas en una nueva prisión, que es la de la producción en serie”. Le invité a que nos sentáramos a la altura de la entrada antigua del Generalife, en un precioso rellano que hace el camino. Pero, le inquirí, ¿no es acaso bueno que las mujeres sean productivas como lo éramos los hombres?
“Las mujeres siempre fueron productivas, pero no se valoraba el terreno en que lo eran. Ahora que las cocinas y los hogares se están quedando vacíos, hay matrimonios que están echando cuentas y descubriendo que el salario que ella gana trabajando fuera hay que gastarlo en una limpiadora y en una niñera. Es decir: dos mujeres trabajan en casa para que ella pueda trabajar fuera. Y encima los niños los están criando otras mujeres. Lo cual resulta absurdo, porque una madre es insustituible, además de que la sensación de frustración es tremenda”.

eres demasiado inteligente y con demasiada personalidad para caer en el cliché de lo “que debe ser la mujer de hoy”, que será algo parecido a la Leire Pajín (con perdón), es decir: oportunista, arribista, amargada, recelosa del resto de mujeres, adicta al trabajo, hembrista, abortista, socialista y, eso sí, muy políticamente correcta. Pero no transmite nada de buena energía, ni resulta querible, ni amable, ni te acercarías a pedirle consejo alguno, por miedo a que te ladre. Es un modelo de mujer que, creo yo, muchas mujeres inteligentes ya han descartado y han superado.

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